A continuación se señalan algunas propuestas que permitirían a Latinoamérica aprovechar la favorable coyuntura para generar un crecimiento sostenido y una reducción progresiva de la pobreza y la desigualdad.
Inversión en Educación
Aunque todavía hay gente que sigue preguntándose cómo es posible que una región con tantos recursos naturales tenga tan altos niveles de pobreza, los resultados concretos observables en países como Corea del Sur o la India están abriendo los ojos hacia el verdadero factor de transformación de las sociedades contemporáneas: el capital humano.
Esto no es difícil deducir. La mayoría de países más “avanzados” cuentan con escasos recursos pero, eso sí, con una mano de obra altamente cualificada para insertarse en la nueva economía del conocimiento. En este sentido, la todavía incipiente inversión en educación se mantiene como un responsable directo del estancamiento de la región.
La comparación de Corea del Sur y América Latina es paradigmática. En una etapa similar, mientras el país asiático focalizó su estrategia en la educación y la formación integral de sus ciudadanos, América Latina continúo su apuesta por la industrialización y las exportaciones. Los resultados están a la vista.
La educación, además, no solo tiene una repercusión en el aparato productivo, sino que influye en la visión de la tradición y de actitud frente al cambio en las personas. Asimismo, permite conocer y ejercer derechos y oportunidades; construyendo ciudadanos críticos y libres.
En el caso latinoamericano, una mejora sustancial en el acceso y calidad de la educación permitiría disminuir el altísimo nivel de desigualdad vigente, resultado de la asimétrica diferencia entre la educación pública y privada, y la dificultad para acceder a la universidad. Esta realidad, igualmente, debería ser entendida por la comunidad internacional, pues si los esfuerzos de cooperación para el desarrollo no agregan a la formación como un sector de intervención prioritario, pronto la brecha de conocimiento entre las naciones que desarrollan y utilizan la ciencia y la tecnología y las que no, provocarán exclusión y dependencia.
Reforzar la integración
Como se ha señalado, la integración, en cualquiera de sus formas, si persigue una legítima intención de generar libre comercio entre los países es una alternativa válida para penetrar nuevos mercados y generar economías a escala, con una consecuente disminución de los precios para el consumidor. No obstante, si se utiliza como un instrumento político o desestabilizador, los resultados serán, obviamente, negativos.
La firma de TLCs, aunque comprometa la cincuentenaria utopía integracionista de la región, es más que necesaria si se considera que EEUU es el principal socio comercial de la mayoría de naciones, además de acoger gran parte de la migración latinoamericana.
Un entorno para la inversión
Solo a través de garantizar seguridad jurídica y condiciones de libertad para la inversión podrá generarse un entorno que estimule el emprendimiento, la competencia y la innovación; garantías que deberán extendidas tanto para la inversión interna o externa. Los últimos acontecimientos sobre las nacionalizaciones en el sector de la energía, es un repelente nato de inversión que incluso podría generar deslocalizaciones de las empresas.
Disciplina presupuestaria
Para mantener un entorno macroeconómico estable, libre de inflación excesiva, resulta indispensable el mantenimiento de una disciplina presupuestaria que, en lo posible, esté regulada bajo algún tipo de normativa del Estado. Así, un equilibrio sostenido de las cuentas públicas incrementará la confianza internacional y permitirá la definición de objetivos a largo plazo.
El exceso de gasto público de varios países, sostenido por los elevados precios del petróleo y los minerales, trae consigo un altísimo riesgo ante una eventual caída de los precios de estas materias primas.
Reforma fiscal
Todos los polos ideológicos coinciden en que urge una reforma tributaria, por supuesto, promoviendo mecanismos diferentes. La experiencia de Europa Central y Oriental en torno al uso del impuesto sobre la renta personal, que en lo posterior se extendió hacia otros países, ha demostrado que es especialmente útil en los países en desarrollo. Al imponer tipos bajos de gravamen se promueve el descenso de la evasión fiscal, además de ser fácilmente gestionable. Igualmente incentiva el ahorro y el emprendimiento.